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Salvador Díaz Félix
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Pocos hombres tan activos, tan accesibles en disponibilidad y tan
audaces para todo ha tenido la Cámara Nacional de Comercio de Chihuahua
como don Salvador Díaz Félix. Inquieto cuanto mesurado, se erigió con
toda naturalidad como una institución viviente de consulta para todo
tipo de asuntos, en especial los inherentes a los negocios. A tanto así
llegaba la calidad moral de una persona que reflejaba ecuanimidad e
imbuía confianza a quienes lo trataban.
Nació en la ciudad de Zacatecas en 1896, fue miembro de una típica
familia de clase media integrada por don Hilario Díaz y por doña Maria
Félix. Su padre falleció cuando estaba por terminar la carrera de
abogado y su madre ciertamente tenia parentesco con la notable actriz
cinematográfica homónima suya.
A sus quince años de edad ya andaba en pleno fragor de las correrías
armadas de la Revolución, pues su formación había sido en la Escuela
Militar de Aspirantes. Le toco perseguir en diversas expediciones a
gente de Pascual Orozco. Asistió a muchos combates y en no pocas veces
vio la muerte muy de cerca, sobre todo en Ciudad Camargo en 1913, cuando
la plaza fue atacada por fuerzas de Maclovio Herrera. Luego, con el
grado de capitán segundo, se unió a las tropas de este ultimo general
para en 1916 retirarse definitivamente de las armas.
En aquellos tiempos nunca llego a imaginar que, décadas después, seria
uno de los comerciantes de Chihuahua mas respetados, mas conocidos y más
llenos de aprecio.
Aquí en Chihuahua ya despachaba en 1918 en la importante tienda que fue
“El Nuevo Mundo” que vendía de todo, bajo la dirección de un inteligente
alemán de nombre Andrés Bunsow.
A poco de ese su primer empleo en Chihuahua, don Enrique Picard,
propietario de la empresa “Las Tres BBB”, se lo llevo a su negocio donde
don Salvador se desempeño durante 17 años siendo su brazo derecho. “Las
Tres BBB” estuvo ubicada en la esquina de la avenida Independencia y
calle Victoria.
Luego, tras casi dos decenios, estuvo laborando en la tienda “El Sol”,
de don Julio Picard.
Siempre hombre de aspiraciones, al termino de esta etapa vital decidió
que podría hacerse comerciante independiente y entro al empresariado
chihuahuense al abrir su negociación el 19 de marzo de 1938 en calles
Libertad y Tercera, con un nombre que pronto seria repetido
prácticamente en todo Chihuahua: “Casa Díaz, S.A.”.
La política le hizo cosquillas, aunque no tuvo suerte, pues solo perdió
en dicha actividad tiempo, dinero y esfuerzo, en diversas campañas para
puestos de elección popular.
Únicamente tuvo éxito en la brega política cuando fue llamado por el
alcalde don Roberto Ortiz Raynal, en 1962-65 para desempeñarse como
tesorero municipal de Chihuahua, puesto que desempeño con habilidad. Muy
poco tiempo después fue designado recaudador de rentas en esta ciudad,
con lo que demostró su honestidad en los manejos de los dineros
públicos.
Ya en edad madura tuvo a su cargo al Gerencia de esta Cámara de Comercio
de Chihuahua, institución en la que también fue presidente en nada menos
que cuatro periodos: 1948, 1949, 1959 y 1960, con lo que marco todo un
record difícil por demás de superar en lo futuro.
En 1962 se distinguió por su entusiasmo y argumentación cuando, durante
la Presidencia de don Mario Lozano Rocha, viajo a Guadalajara en
compañía de don Alfonso Escárcega, este ultimo entonces gerente, para
pelear la sede de la XLVI Asamblea Nacional de la Confederación de
Cámaras Nacionales de Comercio (Concanaco). Amigables pero encarnizadas
alegatas de por medio, don Alfonso y don Salvador lograron traer la sede
de la magna convención a Chihuahua, la primera en la historia de
Concanaco que tocaba en esta capital. Aquella reunión nacional enmarcada
con la presencia del entonces presidente de la Republica don Adolfo
López Mateos, por la asistencia del gobernador Práxedes Giner Duran y
por los representantes de todas las Cámaras de Comercio del país
reunidos en el Paraninfo de la Universidad y dos días después en los
salones del Club Campestre, fue narrar las crónicas sencillamente
fenomenal.
La “Casa Díaz” estuvo funcionando 30 años, hasta que don Salvador,
casado con doña Delfina Pacheco y sin haber tenido descendencia, cerro
la negociación en 1968.
No de balde su excelente desempeño para con todos los asuntos de la
Cámara de comercio, fue merecedor de múltiples reconocimientos, entre
los que destaca el del 4 de febrero de 1961, que nos permitimos
transcribir textualmente del libro inédito “Ochenta Años de la Cámara de
Comercio de Chihuahua”, escribió por don Alfonso Escárcega:
“(...) 1961. reunión de Directiva. Se designa presidente,
vicepresidente, secretario y tesorero. Hecho el recuento de la ley, se
distribuyen entre los señores consejeros estos cargos en la siguiente
forma: don Enrique Aguirre Acosta, presidente; don Gabriel González,
vicepresidente; don Carlos Medina Gil, secretario, y don Miguel Morgan
(sic.), tesorero.
“Don Enrique, después de dar las gracias por el inmerecido nombramiento
y de pedir la colaboración de todos, reconoce de antemano que trabajara
con un grupo que tiene una magnifica disposición para trabajar y servir,
rogándoles de paso a sus compañeros que cuando reciban comisiones las
desempeñen con la mayor de las responsabilidades.
“Y empiezan los engorros del ’61.
“Y se otorga honor a quien lo merece sin regateos. En la recién
celebrada asamblea general, se acordó, por unanimidad, premiar a don
Salvador Díaz Félix por su magnifica labor al frente de la institución,
acordándose la entrega de un pergamino.
“Don Enrique Aguirre, hombre bueno, educado, ciudadano de una pieza,
cristiano a lo vertical, sabedor de que Chava merece un reconocimiento
de mas altura, propone se le entregue el día 4 de febrero de esta año
una medalla de oro.
“Aplausos para la sugestión(sic.)
“Y la entrega se hace en una cena que resulto inolvidable porque se
aprovecho el viaje para hacer también entrega a cada uno de los ex
presidentes de la Cámara, de un certificado o pergamino que los reconoce
como consejeros vitalicios.
“Salvador Díaz Félix, quien en cuatro periodos presidio directivas de la
Cámara, casi con lagrimas en los ojos recibió la medalla que reconocía
“faenas de feria” en las que hubo de todo, trabajo fecundo, diario, que
no admitió ni aplazamientos ni tropiezos y en los que hubo que poner de
manifiesto su capacidad de dirigente patronal. La entrega de esta
medalla y los diplomas para los señores consejeros vitalicios
(concedidos como ‘reconocimientos a su espíritu de servicio y al cariño
que siempre le han demostrado a la Cámara’) corrió a cargo de aplausos,
mariachis, vivas ensordecedoras, alegres y espontáneas (...)”.
Sin embargo, don Salvador Díaz Félix paso los últimos días de su vida en
él más triste y completo de los abandonos. Ante ello, don Alfonso
Escárcega escribió un articulo periodístico de denuncia a este respecto,
en vida todavía de don Salvador.
Él articulo publicado el 16 de agosto de 1980 en El Heraldo de
Chihuahua, con el titulo “Grajos de Historia Chihuahuense. ¿Qué hace
ahora el admirable Salvador Díaz Félix? Por Alfonso Escárcega, cronista
de la ciudad”, el historiador así escribió:
“(...) La ingratitud tiene mil caras. Y aparece por todos los rumbos
luciendo muchos disfraces. Suele enseñorearse ¡sabe Dios porque! de
algunas vidas, generosas, útiles, llenas de virtudes ciudadanas.
“¿Por qué estas reflexiones? Se preguntaran mis escasos lectores por
que... En estos días muchos amigos que también lo son suyos han querido
saber que hace hombre de tantas cualidades humanas y sociales, que por
años y años en forma constante y a veces mas que apasionado defendió los
intereses del comercio organizado y que se llama Salvador Díaz Félix.
“Bueno... la verdad es que la iniciativa privada chihuahuense lo tiene
en el mas completo de los olvidos(...)”.
Continua él articulo de don Alfonso:
“(...) Durante treinta años don Salvador estuvo demostrando a quienes
llegaban a el tres cosas; que era todo un caballero, un magnifico
comerciante y un ejemplar ciudadano. Si, esas tres cosas, aunque haya
algunos perdularios que duden se pueda vivir al mismo tiempo en estos
tres ámbitos.
“Chava, lustro tras lustro, fue todo un patriarca. No había enredo de
comerciantes en donde no interviniera varonilmente.
“Siempre tuve la impresión de que si no lo llamaban como buen
componedor, el se ofrecía. Tal era su jamás desmentido espíritu de
servicio(...)”.
“(...) Ahora ¿qué hace Chava Díaz? Sin duda vive la hora de la
serenidad, al lado de la compañera de toda su vida, esa noble dama (ha
dedicado su vida a servir a los pobres) que se llama doña Delfinita
Pacheco de Díaz”.
Otro reconocimiento que en vida recibió don Salvador se efectuó el 13 de
marzo en 1982, entregándosele la medalla al merito de la Cámara de
Comercio.
Sin embargo, como escribiera don Alfonso Escárcega, don Salvador Díaz
Félix murió abandonado en el Asilo de Ancianos “Bocado del Pobre”, de la
calle Matamoros de esta capital a la que tanto se entrego, el 23 de
abril de 1985.
Tomado del libro "EL COMERCIO EN LA HISTORIA DE CHIHUAHUA" edicion
1991
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