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Rafael Benito
y
José Calderón Urrutia
Fueron las vidas de don Rafael y de don José Calderón paralelas en todos
sentidos, desde hermanos hasta grandes empresarios y estuvieron
indisolublemente ligadas a la época de oro del establecimiento de los
cines de esta capital y de otras ciudades del estado y del extranjero.
Si Chihuahua estuvo a la par que otras localidades de importancia en lo
que a cultura fílmica y a oportunidades de esparcimiento familiar se
refiere, la trascendencia de la obra fincada por estos empresarios es
indiscutible.
Hijos del matrimonio formado por doña Delfina Urrutia y por don Rafael
Calderón, don José vino al mundo el 30 de agosto de 1885 en San Andrés,
Chihuahua y don Rafael el 3 de abril de 1882 en la misma localidad.
Recibieron su educación primaria en el Colegio del ilustre mentor don
Albino Míreles en esta capital de Chihuahua. Prosiguieron estudios de
secretariado y teneduría de libros en el colegio Agricultura de Mesilla
Park, Nuevo México, donde obtuvieron sus títulos de profesionistas,
documentos valiosos en los primeros años de esta centuria.
Apenas terminados sus estudios, viajo don Rafael a St. Louis, Missouri,
Estados Unidos, contratado por la compañía del Ferrocarril Kansas City,
México y Oriente como uno de los jefes administrativos. La empresa
ferroviaria tenia a su cargo la comunicación entre Ciudad Juárez y Creel,
Chih., vital enlace para el fleteo de minerales producidos en las ricas
vetas de la serranía con rumbo a la Unión Americana donde se procesaban
con base a una tecnología que aun no se manejaba en nuestro país.
José, tres años menor que Rafael, iba en esa misma medida defasado en el
precedente ejemplar de su hermano.
El año de 1906 fue la fecha en que ambos hermanos Calderón regresaron a
Chihuahua para desempeñarse, el mayor, como representante y apoderado de
esa compañía ferrocarrilera y el otro como jefe administrativo. Allí
permanecieron hasta que pasada la Revolución, la empresa fue manejada
por otra sociedad.
La incursión de ambos en el empresariado ocurrió en 1917, cuando se
estableció la casa de cambio “Calderón”, ubicada en las calles Aldama y
Tercera. A poco de haber fundado esa negociación la fusionaron al Banco
Russek, tras haber entrado en sociedad con don David S. Russek, al
iniciar los 30’s.
En 1919 los Calderón adquirieron el cine Alcázar cuando esta sala
funcionaba originalmente en un local de Victoria y Cuarta.
En esa empresa las películas proyectadas – de Charlie Chaplin y de El
gordo y el Flaco solo por ejemplificar- eran posibles con base a un
proyector manual, es decir con uno en que mediante manivela girada se
hacia correr la cinta no sin los riesgos que representa que el celuloide
resultara quemado debido al cansancio del operador. Ese local, de
asientos de madera sin respaldo puede decirse que fue el pionero en la
ciudad.
Posteriormente, el 1 de enero de 1927 don Rafael y don José asistirían a
la magna inauguración del cine Alcázar en Victoria y Segunda. – el que
muchos de nosotros conocimos y que fue demolido entrando la década de
los 80’s-, para presenciar en compañía de su socio don Juan Salas
Porras, la premier de la película “Ben Hur”. Para esa fecha la sociedad
denominada “Calderón y Salas Porras, S.A.” era de las de mayor empuje no
solo en la ciudad sino en el estado entero y allende la frontera, pues
tenían fundada ya una cadena de casas distribuidoras de películas
mexicanas en Los Ángeles, Chicago y Nueva York, llamada “Azteca Films,
Inc.”
El 16 de septiembre de 1929 inauguraban los Calderón y don Juan Salas
Porras el cine Azteca de recia fachada de piedra e infinidad de grecas
mexicanas, en la avenida Ocampo. Este cine, junto con el Alcázar, era de
lo mejor de la época en lo tocante a detalles técnicos y de seguridad
para los cinéfilos pues contaban con salidas de emergencias, luces para
viandantes en pasillos, exhibidores de carteleras, dulcería, sanitarios
impecables, potentes bocinas, proyectores electromecanicas y almacén de
filmografía.
A esta sucesión de éxitos empresariales faltaría por agregar la salas:
Estrella, en Chihuahua, los Alcázar en Parral y Ciudad Juárez; y en El
Paso, Texas; el Colon.
La personalidad altruista de los hermanos Calderón Urrutia se expreso,
entre otras formas, en sus actividades de apoyo a la niñez desvalida de
origen mexicano en El Paso, Texas, donde sus nombres son gratamente
recordados todavía en el llamado “segundo Barrio”, precisamente donde
permanece en pie el cine Colon, en la calle El Paso Sur entrando de
Ciudad Juárez. En vida fueron objeto de reconocimientos otorgados por
los gobiernos municipales de ambas ciudades fronterizas y en cierta
ocasión por el Gobierno del Estado de Chihuahua.
Don Rafael fue electo presidente de la Cámara de Comercio en 1919,
aunque el año anterior había fungió también como tal al separarse del
cargo don Francisco Velarde. Por ello fue el antecesor de la primera
gestión de don Manuel Rivero Mier.
Don José ocupo la Presidencia de la Cámara en 1925 sucediendo también a
don Manuel Rivero Mier en un segundo periódo y antecediendo a don
Ricardo Wisbrun.
Don Rafael caso con Doña Estela Fischer de cuyo matrimonio nacieron seis
hijos, de nombres Rubén, Delfina, Estela, Alicia, Ofelia y Rafael.
Por su parte don José tuvo como esposa a doña Maria Stell con la cual
procreo cinco descendientes: Pedro, José Luis, Guillermo, Maria Teresa y
Lilia.
Don José Calderón -para la posteridad ha quedado como “José U.
Calderón”, al haber intecalado la “U” de su segundo apellido entre el
nombre de pila y el primer apellido-falleció en Acapulco, Guerrero, el
10 de junio de 1963.
Don Rafael vivió sus últimos años en completa apacibilidad en su retiro
del Parque Nacional Cumbres de Májalca, Chihuahua, rodeado de una de sus
pasiones que fue la naturaleza en pleno. falleció en El Paso, Texas, el
27 de abril de 1969.c
Ambos, vidas paralelas en familia, en negocios, en afinidades y en
huella dejada en la historia de Chihuahua, tuvieron entrañables nexos
con don Juan Salas Porras con quien llegaron a ser los artífices de una
era en que sus bonos empresariales en cinematografía no han tenido
parangón en la entidad.
Sirva esto como un justo homenaje a tres vidas marcadas por la misma
pincelada trascendente.
Tomado del libro "EL COMERCIO EN LA HISTORIA DE CHIHUAHUA" edicion
1991
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