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Efraín Antillón Portillo

 

 
Como la mayoría de los exitosos hombres de antaño, Don Efraín Antillón fue siempre “hombre de orquesta” en sus negocios, donde su actividad cubría todas las áreas.

Nació en 1899 en Miñaca, municipio de Guerrero, Chihuahua. Fue hijo de Don Francisco Antillon Orozco y Doña Asunción Portillo, comerciante de arraigo de aquella región durante la postrimerías del siglo anterior. Don Francisco tuvo una tienda muy vasta que vendía muebles y tapices a los pobladores de toda la región; de allí que la trayectoria de los Antillón en el comercio se remonte a mas de cien años.

Los azares de la Revolución fueron desfavorables para los Antillón. Efraín ya había cursado la primaria en Ciudad Guerrero cuando cierta noche en la casa-tienda, que ocupaba una cuadra entera en Miñica, retumbaron fuertes llamadas en el portón principal. Al abrir la pesada puerta, un nutrido grupo irrumpió a la casa pero fue de inmediato neutralizado: Don Francisco Antillón apuntaba su larga escopeta hacia la horda de presuntos asaltantes. No bien habían entrado cuando el niño Efraín puso toda la fuerza de sus casi once años en la nada liviana tranca rectangular de la puerta, para descargar un golpe seco en la cabeza de uno de los de la “bola”. Un quejido, un hombre derribado a las duelas de machimbre. Cuando el niño tomaba ya impulso para lanzar otro trancazo a quien tuviera enfrente y en el preciso instante en que Don Francisco se aprestaba a jalar el gatillo, el hombre yacía en el piso y de cuyo rostro manaba un hilillo de sangre grito, suplico, se desgañitó pidiendo paz y calma inmediata. Luego una tensa tranquilidad en la que fracciones de segundo parecieron la más larga eternidad. Al irse reconociendo los miembros de cada bando, el hombre derribado se incorporo, la escopeta apuntó al suelo y la tranca se apoyo en las duelas. Siguieron murmullos que fueron tornándose en sonrisas tímidas para reatar en estridentes cuanto nerviosas carcajadas y en efusivos abrazos.
 
El hombre objeto del maderazo era ni mas ni menos que el caudillo Pascual Orozco, primo hermano de Don Francisco Antillón Orozco, el cual había acudido no a asaltar sino a prevenir a sus parientes respecto de los hechos de armas que ya habían estallado en las inmediaciones de Miñaca.
 
En efecto, esa relación de parentesco entre los Antillón y los Orozco fue la circunstancia que acaso haya salvado la vida a los primeros, pues al día siguiente pusieron rumbo a El Paso, Texas.
 
Así, de un día para otro el patrimonio de los Antillón queda atrás como cosa irrecuperable.
 
Al arribar a El Paso la familia solo disponía de su indumentaria, unos cuantos baúles con lo mas indispensable y cuatro pesos en su haber. Tenían que empezar partiendo de cero. De Don Francisco nada se sabe respecto a cual haya sido su derrotero en la actividad económica en El Paso durante esos agitados años, pero de Don Efraín si se conoce algo.
 
Efraín se dedico a repartir periódicos en varias zonas de la frontera, actividad que desempeño algún tiempo. Posteriormente, interiorizado en el ritmo de vida de esa ciudad de la nación vecina, entró a estudiar la carrera comercial y bancaria para obtener los conocimientos relativos en la teneduría de libros. Al parecer no se graduó, por lo que debió continuar en el camino del saber en forma autodidacta.

Fue a mediados de los años 20´s cuando regreso a Chihuahua con cierto capital suficiente para instalar lo que seria su única pero sólida carta de presentación en el empresariado chihuahuense.
 
En Libertad y 2ª construyó un edificio para su negocio que se llamaría “Mueblería Estrella”, nombre para el cual diseño un logo con un astro de 5 puntas a efecto de que no fuera confundido con la respetable comunidad judía. Contacto como casas proveedoras a firmas de prestigio como la “Zork Hardware”, de El Paso, surtidora de alfombras, tapetes y linóleos; “La Malinche”, de Monterrey, que fabricaba comedores y tarimas; “Canas y Tubos”, también de la capital regiomontana, surtidora de estructuras de muelles o “springs” (todavía no se fabricaban los colchones muelleados, o “box-springs”); y firmó asimismo con los señores Martínez Cuartas y con el señor Cortez, del Distrito Federal, quienes enviaban estufas de fierro dulce al negocio de Don Efraín.
 
Para los años treintas la Mueblería Estrella tenia ya una considerable clientela de la ciudad y de la región, en parte por el surtido y en parte también por el trato directo y amable de su propietario. Innovador siempre, Don Efraín introdujo en Chihuahua el sistema de apartados tal como se estila en nuestros días.
 
La Mueblería Estrella fue el único negocio de Don Efraín, empresa tan bien organizada como la personalidad de su propietario: jamás tuvo adeudos de ningún tipo ni problema alguno del orden fiscal o contable.
 
No obstante, incursiono como accionista de la estación radiodifusora XEFI en sociedad con su entrañable amigo don Ramiro G. Uranga. En este tema de la radio don Efraín tuvo una especial curiosidad, pues desde antes que empezara con formalidad esa industria en Chihuahua, el experimentaba con pilas, conductores y audífonos sobre una piedra mineral llamada “galena”, que hacia las veces de antena, y captaba señales emitidas desde la ciudad de México y los Estados Unidos. Asimismo, llego a idear un circuito transmisor con el que se comunicaba, a manera de los aparatos de banda civil de hoy, con aficionados de diversas localidades del país y del mundo.
 
Rotario distinguidísimo, se cuenta entre los fundadores del Club Rotario de Chihuahua, A.C., en 1923, asociación de servicio social en la que alcanzó primero la Presidencia y luego la Gubernatura de Distrito (fue el primer latinoamericano en ese cargo). Con el cariñoso seudónimo de “Riojense” o “La Hormiga Rotaria” por su prestancia y su baja estatura, apadrino al club filial de Río Grande, Zacatecas, a donde viajo en los cuarentas a la solemne ceremonia en la que un parque de aquella ciudad lleva su nombre desde entonces. Fundo otro club y un aula de una escuela primaria edificada por gestiones rotarias que lleva también su nombre.
 
Muy formal pero a la vez muy alegre, puede decirse que se adelanto a su época al haber adaptado su trato con hijos, familiares ya amistades el “tuteo”, desdeñando lo que el consideraba anquilosado modo de “usted”, por pensar que la confianza es inhibida con el último.
 
Cuando en 1944 fue electo presidente de la Cámara Nacional de Comercio de Chihuahua, su empresa seguía conservando la solidez que solo puede dar la impecable administración. Don Efraín relevó en las riendas de la Cámara a Don Leonardo “Nayo” Revilla Romero en su primera gestación y fue el antecesor del mismo 1945. Durante el tiempo de su gestión en la Presidencia, era punto menos que imposible lograr importaciones de Estados Unidos, por los problemas que vivía nuestro vecino del norte a resultas de la desgastante Guerra Mundial. 
 
Don Efraín fue de los pioneros en adquirir propiedades como patrimonio familiar en el Parque Nacional de Cumbres de Majalca, a donde a partir de los treintas se dirigía a disfrutar de la naturaleza.
 
Se casó con Doña Elva Lujan, con la cual procreó cinco hijos: Eva Bertha, Efrain, Elsa, Oscar y Rosa Maria de la Asunción. Fue a sus descendientes a quienes de continuo les recordaba, a manera de alentador consejo que perdura a la fecha en sus conciencias, aquel pasaje de cuando su padre perdió todo de un día para otro y cómo su familia se levantó otra vez de la nada. Otra de sus máximas se las refería durante alguna de sus caminatas por la ciudad o por el campo: “Nunca pierdas el paso cuando camines; si lo haces, perderas tambien el paso en la vida”.
 
Victima de una hepatitis falleció prematuramente en esta capital el 12 de mayo de 1950, tras haber llevado de fijo una salud envidiable.
 
La Mueblería Estrella cerro sus puertas entrando los años sesentas, pero sus hijos no han perdido el paso en la marcha y continúan todos de alguna manera involucrados en la actividad del comercio, haciendo honor a la centenaria tradición de aquellos abuelos que salvaron el pellejo tras un afortunado trancazo en medio de la oscuridad. De aquellos abuelos, Don Francisco y Doña Asunción, recibió Don Efraín la herencia del comercio por profesión, la que ha su vez el heredo a sus nietas, quienes lo desarrollan con gran éxito en los modernos centros comerciales de Chihuahua, como “Plaza Galerías”, del que son fundadores y en el que también manejan el ramo de mueblería.
 

Tomado del libro "EL COMERCIO EN LA HISTORIA DE CHIHUAHUA" edicion 1991


 

 


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