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Alfonso Escárcega Terrazas
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Si elaborar una biografía implica una dificultad enorme por cuanto al
cuidadoso manejo de fechas, vida y obra del biografiado, no podemos
menos que sentirnos inmerecedores de escribir la de un ilustre
chihuahuense, máxime si se trata de la de un historiador y, sobre todo,
si es la de Don Alfonso Escárcega Terrazas.
Porque entre lo que supo hacer e hizo Don Alfonso y esta breve semblanza
de su vida, media sin discusión un real abismo.
Sin embargo, como sincero y decidido esfuerzo por mantener viva la grata
memoria del cronista y brillante expresidente de esta Cámara, creemos
que es del todo válido presentar este esbozo.
¿Era su segundo apellido Domínguez o Terrazas? Comenzaremos aclarando
esto:
Don Alfonso nació el 20 de diciembre de 1917 en Hidalgo del Parral,
Chihuahua, lo que fue para él un verdadero timbre de orgullo. Fue hijo
de Don Everardo G. Escárcega, un minero originario de Coahuila pero
avecinado durante muchos años en Parral, donde logro bienestar
económico. Su madre fue Doña Rosa Terrazas de Escárcega. De ahí que su
real segundo apellido fuera Terrazas. Sin embargo, su tío Don Francisco
Domínguez y su esposa Doña Ángela Páez de Domínguez, al no haber tenido
familia, pidieron a los padres del pequeño Alonso le permitieran vivir
con ellos, lo cual fue aceptado.
Al haber cambiado su residencia en el año de 1927 a la ciudad de
Chihuahua, los esposos Domínguez trajeron con ellos a Alfonso,
Inscribiéndolo en el Colegio Palmore de esta ciudad, donde curso la
primaria y estudio los cuatro años correspondientes a curso la primaria
y estudio los cuatro años correspondientes a curso comercial. Su
inclinación a la lectura fue alentada constantemente por su tío
Panchito, dueño de una vasta y sólida cultura.
El agradecimiento y gran cariño que profesó hacia sus tíos hizo que
Alfonso agregara el Domínguez a su apellido, sin olvidar nunca el
Terrazas, de su madre.
Pese a no haberse graduado en estudios considerados superiores,
incursionó, en base a su constante tesón por aprender, en cursos de
periodismo, autorrealización, manejo de personal, mercadotecnia. Pero ya
desde su mas tierna juventud se había manifestado en él afán de la
investigación histórica y la facilidad de la palabra escrita. Hay muchas
referencias de que en la primaria hacía trabajos escolares que le
auguraban la vena de cronista, poeta y comerciante de notoria visión
pragmática. Para sus coetáneos, es memorable aquel discurso de despedida
del Colegio Palmore, el 28 de junio de 1935, intitulado “La ética en el
comercio”. ¿Y quien no puede ser capaz de valorar sus “Gajos de historia
chihuahuense”, publicados en El Heraldo desde 1948 y hasta su
fallecimiento?
Fue precisamente ese genio, esa pasión por lo que hacía, que a lo largo
de su vida obtuvo triunfo tras triunfo, ya fuera en la Sociedad
Chihuahuense de Estudios Históricos, ya el las publicaciones de la época
o en los múltiples cargos ciudadanos hasta la gerencia de la Cámara
Nacional de Comercio de Chihuahua, al lado de Don Salvador Díaz Félix y
de Don Federico Fraga. Fue presidente del Consejo de la misma de marzo a
diciembre de 1951 y reelecto para 1952. en sus gestiones fueron
brillantes sus dotes organizativas. Pero fue en 1963, siendo gerente y
principal cabeza del comité organizador, cuando don Alfonso demostró con
creces su valía al haber hecho un excelente rol durante la visita que
hizo a esta capital el entonces presidente de la republica, Adolfo López
Mateos, con motivo de la XLVI Asamblea Nacional de Cámaras de Comercio.
Fue aquel un evento de gran trascendencia nacional, que en verdad no
tenia paralelo. Así se lo hizo patente don Mario Lozano Rocha, entonces
presidente de Canaco, y así también la prensa nacional entera.
Don Alfonso fue consejero vitalicio de esta Cámara, en nombramiento
conferido el 21 de diciembre de 1960, por don Salvador Díaz Félix y don
Pedro Coll.
En el plano de las letras y la investigación histórica, ha sido don
Alfonso uno de los mas preclaros personajes de todos los tiempos. Fue
autor de no menos de 800 artículos periodísticos de corte histórico, de
múltiples publicaciones acerca de la fundación de la ciudad de
Chihuahua, del escudo del estado, de las etnias diversas que poblaron a
nuestro terruño, de las andanzas de los conquistadores hispanos, de la
gesta de la Independencia de México y de la inmolación del padre
Hidalgo, de la lucha de la Revolución y sobre todo del glorioso epidosio
de la Reforma, teniendo a don Benito Juárez como figura inspiradora de
gran parte de su obra. Forma la trilogía, al lado de don José Fuentes
Mares y de don Fco. R. Almada, de las más señeras personas que se han
preocupado por darle a Chihuahua su categoría y su privilegiado sitial.
Durante los 10 años que fungió como cronista de la ciudad –cargo
otorgado el 9 de julio de 1974, por el alcalde José Luis Caballero-
prácticamente no hubo evento cívico-social en que don Alfonso no
estuviera presente pues nadie llego a poner en duda su autoridad en
dichas cuestiones.
Llego a tomar parte en un cúmulo de eventos nacionales con relación al
cargo de cronista de la ciudad. Le toco el honor de atestiguar, junto
con los cronistas del país en pleno, la erección de Cancún, Quintana
Roo, en ciudad, en julio de 1978; gano muchos concursos de poesía, como
aquel del 7 de diciembre de 1975 celebrado en Taxco, Guerrero; fue
figura basica en los festejos del CCLXXV aniversario de la fundacion de
Chihuahua, correspondiendole recibir oficialmente a la Sinfonica
Nacional, en el hotel Victoria, aquel 11 de octubre de 1984, unas
semanas antes de su deceso; le toco escalar la cumbre del Mohinora y
develar la placa con que se nombro al poblado de Chinipas, “Chinipas de
Almada” a instancia suya y en honor de don Francisco R. Almada, el 17 de
junio de 1976.
Era don Alfonso, a diferencia de muchos cronistas y de estudiosos de la
historia, un libro abierto de consulta para todo aquel que tuviera
inquietudes sobre algunos de los sitios históricos de Chihuahua –Museo
Casa de Juárez, Calabozo de Hidalgo, Altar de la Patria, La Quinta Luz-
y era común ver a don Alfonso ilustrar de manera muy amena sobre tales
acontecimientos, con profusión de nombres, fechas y muy poco conocidas
anécdotas. Incluso la sala de su casa era un lugar ideal para reuniones
con estudiantes, con historiadores e investigadores del país extranjero.
Gustaba de ir a pie por la ciudad y despreciaba los paseos en auto y
menos si a el le correspondía conducir. “Pese a que tuvimos una
camioneta -recuerda doña Gloria García, compañera de su vida,- le
fascinaba caminar cavilando, como testigo que fue de la transformación
de Chihuahua en urbe”.
Tuvo el don de la modestia. Por ejemplo, pocos saben que el verdadero
impulsor para que Chihuahua contara con la estatua de su fundador, don
Antonio Deza y Ulloa, fue don Alfonso Escárcega. Hasta julio de 1980,
fecha en que apareció el magnifico bronce frente a Catedral, solo habían
existido muchos proyectos y muy poca voluntad para que nuestra capital
contara con un símbolo que conmemorara su erección.
Sin embargo, el alcalde don Luis Fuentes Molinar pidió opinión y
argumentos a don Alfonso, lo que finalmente cristalizado en el monumento
por todos conocido.
Sereno de carácter, no lo fue cuando discrepaba la postura asumida por
algún funcionaria publico y entonces hacia gala de una finísima pero
sumamente mordaz ironía, con la que virtualmente desarmaba a sus
oponentes. Esa franqueza le valió en varias ocasiones la persecución y
la agresión física, como medidas orquestadas por un gobernador y por un
alcalde que no vienen al caso mencionar.
La diabetes, mal que finalmente acabo con él, empezó a manifestarse a
principios de los años 80’s cuando repentinamente sintió que le fallaba
la vista durante una de sus caminatas por la ciudad. Sin embargo, nunca
se atendió a carta cabal y los estragos fueron haciéndose más agudos
hasta que quedo virtualmente ciego, cosa que no obsto para que, así
privado de la vista, siguiera a delante con su labor de difusión de los
hechos históricos de Chihuahua. Dueño de una memoria envidiable, bastaba
con que doña Gloria, alguno de sus hijos, su siempre fiel secretaria
Guadalupe Luna o algún de los muchos visitantes le refrescara su
relación de fechas, para que don Alfonso narrara, en atestadas
conferencias, pasajes de sucesos pretéritos con una soltura difícil de
hallar en las mismas circunstancias.
El mecanismo que don Alfonso y doña Gloria seguían en plena conferencia
era el siguiente; siempre tomados de la mano, bastaba con que él
apretara casi imperceptiblemente los dedos de su compañera, para que
ella le susurrara la fecha, el nombre o el lugar siguiente en el papel y
don Alfonso ligara prodigiosamente y diera autenticas proezas en la
narrativa oral.
Fue el 6 de noviembre de 1984 cuando la vida de don Alfonso se apago.
Serian las 23:00 horas del día 5, cuando no quiso escuchar televisión,
pidió la llevaran a la cama y a la una de la madrugada un egregio
chihuahuense nos abandonaba. Murió lucido, en el hombro de doña Gloria.
Gracias a las gestiones de un intimo amigo, el 18 de diciembre de 1989,
por acuerdo del H. ayuntamiento local, el tramo de la calle 33
comprendido entre la avenida 20 de noviembre y calle Aldama, lleva el
nombre de Alfonso Escárcega, como un merecido homenaje al que fuera
distinguido Cronista de la Ciudad, brillante historiador y destacado
expresidente de la Cámara de Comercio de Chihuahua.
Aquel 6 de noviembre de 1984, el cronista no tuvo crónica. Quien por
muchos años hiciera presentaciones, poesías, discursos y oraciones
fúnebres, no tuvo la suerte de encontrar un cronista que, desde luego,
escribiera y publicara lo de el. Vayan estas letras en reconocimiento a
su labor en bien del comercio y de Chihuahua.
Tomado del libro "EL COMERCIO EN LA HISTORIA DE CHIHUAHUA" edicion
1991
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