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Es
el 1 de Enero de 1927. la
tarde es muy fría y el viento se les cuela por entre las
oscuras gabardinas y los afieltrados sombreros a los
caballeros y las damas deben cerrarse bien los larguísimos
abrigos. La
taquilla acaba de abrir, pero la enorme fila que se engruesa y
adelgaza alternadamente, avanza con orden, con
la cortesía clásica de aquellos años.
Afuera, la marquesina exhibe las palabras “HOY BEN-HUR
HOY”. Adentro,
dos muchachas atienden la dulcería, de relucientes vitrinas y
enormes cartelones con publicidad de dulces y refrescos.
Mas adentro, tras las puertas de dos hojas, pronto haba
de emanar de unas ventanillas una luz que proyecta cuadrigas,
aurigas, caballos y la emoción de epopeyas grecorromanas,
todo proyectado en una gran pantalla de lona tras la cual
brotara también el sonido.
Se
trata de la inauguración del cine Alcázar, en las calles
Segunda y Victoria, entonces surcadas por muy pocos automóviles
de rítmico traquetear de motores.
En
el vestíbulo, don Juan Salas Porras y don Rafael y don José
U. Calderón platica animadamente con otras personalidades.
Al rato, las luces de la sala se apagan y la pantalla
se vuelve formas en blanco, negro y tonos de gris en
movimiento.
Así
iniciaba, de manera formal, don Juan Salas Porras con el cine
en Chihuahua. Decimos
de manera formal, porque antes había tenido otra sala
cinematográfica en un local donde ahora es la Botica Central,
en la calle Victoria casi llegando a la Ocampo.
Allí, en butacas de madera sin respaldo, muchos de
quienes nos antecedieron llegaron a ver el cine mudo en todo
su apogeo, con el Charlie Chaplin de movimientos hiperactivos
y El Gordo y El Flaco con hilarantes pastelazos.
Pero caro que ese salón no tenia parangón alguno con
la magnifica sala que acababa de inaugurar porque el Cine Alcázar
fue hecho con toda la mano.
De
esta manera, cuando el tema es el cine en Chihuahua, la
evocación hacia dos Juan Salas y Porras es obligada.
Don
Juan fue el empresario que pudo palpar que los chihuahuenses
no podían quedarse a tras en cuanto a cultura fílmica
respecta. Pudo
percibir el cine como factor de diversión y esparcimiento era
una ola que brotaba de Hollywood hacia todos los confines del
mundo y que Chihuahua tenia que situarse precisamente en uno
de esos rincones. Pudo
notar asimismo que la industria mexicana del celuloide iba en
franco desplegué y que esta ciudad también debería estar
montada en el progreso para dejar atrás los años de la
posrevolución. Pudo
ver con la acertada intuición del empresario de éxito, que
la distribución y la exhibición de películas era negocio
riesgoso, sí, pero redituable.
Tal
cúmulo de apreciaciones hizo que don Juan decidiera
invertir en tal empresa y el devenir de los años le daría
razón.
Hijo
del abogado Francisco Salas y de doña Ignacia Porras, don
Juan Salas Porras nació en Hidalgo del Parral el 17 de julio
de 1886. el licenciado Salas tuvo parentesco con don Gaspar
Salas, también parralense, que hizo la carrera de ingeniero
en minas en el Colegio de minería de México y que fuera
director de la Casa de Moneda de Chihuahua y diputado a varias
legislaturas locales.
Su
educación primaria la curso en aquella localidad minera, a
fines del siglo pasado. Pese
a que esos fueron todos sus estudios, desarrollo desde muy
pequeño la habilidad por las cuentas y la redacción de
documentos formales y legales.
Apenas
entrada la nueva centuria, su familia se traslado a esta
capital de Chihuahua, donde don Juan se dedico a ayudar a su
padre en asuntos de litigios.
Contrajo
matrimonio en 1920, con doña Sara Romero Anchondo.
Su
ingreso a la
actividad del comercio, por esas fechas, quedo grabado cuando
se desempeño como jefe de almacén de la tienda “El nuevo
Mundo”, una negociación cuya especialidad era la venta de
mercancía importada de Europa y que esta situada en la calle
Libertad, cerca de “La Francia Marítima”.
La empresa era propiedad de los señores Calderón con
quienes, dadas sus dotes de excelente administrador, pronto
formaría una duradera sociedad comercial.
Sabedor
de que el cine registraba un explosivo desarrollo en Europa y
Estados Unidos investigo los antecedentes de dicha industria
en Chihuahua. El
primer cinematógrafo que se estableció en el estado fue el
“Treviño”, a fines del siglo XIX ye n junio de 1899 dio
la primera función de beneficio para obras materiales de la
misma ciudad (cfr..Francisco R. Almada, “Diccionario de
Historia, Geografía y Biografía Chihuahuense”
UACh-Gobierno del Estado de Chihuahua, 1987).
Fue
a mediados de los años 20’s cuando el y los Calderón
viajaron a San Antonio Texas, para observar como operaban los
proyectos. Adquirieron
luego un proyector manual, aparato en el que, para que
corrieran los rollos de cinta, debía accionarse una manivela;
si el operador se cansaba, la película se quemaba
irremediablemente por el intenso calor que despedían dos
electrodos de carbón. Los
filmes no tenían banda sonora.
Para que la función no resultara tan tediosa, debía
ponerse a funcionar un artefacto de sonido como fondo musical.
El lugar, como ya se menciono, estaba donde es hoy la
matriz de Botica Central y siempre gozo de mucha clientela,
pese a las limitaciones técnicas naturales y las deficientes
características de confort pues las bancas eran en realidad
tablones largos y el local no tenia el declive requerido
para que los cinéfilos de adelante no taparan a los de
atrás.
Pues
bien, para 1926 ya don Juan tenia en mente la existencia de un
cine formal, de altura y su sueño se hizo realidad entrando
1927. era una
sala construida ex profeso para la cinematografía, con
butacas acolchonadas, luces de seguridad para caminantes en
los pasillos, salidas de emergencia, dulcería, exhibidores de
cartelera, sanitarios, potentes bocinas, proyectores automáticos
y almacén de filmes.
Tiempo
después se abriría una cafetería contigua al cine, que
también se llenaba. Increíble,
pero en esa zona del centro
citadino las familias de antaño podían pasarse un fenomenal
domingo. Por las
mañanas se hacían funciones de matinée, con películas como
“La Pandilla” y posteriormente de Joaquín Pardave,
Cantinflas, Fernando y Domingo Soler y por la tarde se podían
ver las series de Tarzan, etc., para rematar en la noche con
una buena cena en la cafetería de referencia, donde se
comentaban las escenas de mayor emoción.
Desde
luego la sociedad “Calderón y Salas Porras” subía como
la espuma. El 16
de septiembre de 1929 se abría al publico el cine Azteca, en
la avenida Ocampo, de recia fachada de piedra
con ornamentos distintamente mexicanos.
El DIA de asueto –mucha gente lo recuerda-
Chihuahua tenia la opción de otro cine y otras películas,
cada vez con mejor proyección y sonido.
Ya desde el Alcázar y ahora en el Azteca,
los cuadros por segundo como velocidad de rollo eran de
24 contra los 16 del cine mudo (de allí que Chaplin, Oliver y
Laurel se movieran como en cámara rápida pues eran menos imágenes
fotográficas en una unidad de tiempo).
Las cintas ahora ofrecían menor riesgo de inflamarse,
pues se distribuían ya con una nueva formulación en su
material plástico y la nitrocelulosa que podía arder espontáneamente,
empezaba a ser sustituida.
Los
triunfos empresariales de don Juan se sucederían en forma
meteórica y de estas dos salas seguirían el cine Estrella,
en Chihuahua, los alcázar en Parral y Ciudad Juárez, en El
Paso, el Colon (que aun permanece en la Calle el Paso Sur, en
el llamado “Segundo Barrio”, dada la gran cantidad de
mexicanos que vivían en el sector, a la entrada por la Calle
Juárez), y la compañía Azteca Filas, en Los Angeles,
California, empresa dedicada a la distribución de cintas
mexicanas de Dolores del Rió, Pedro Armendáriz, Agustín
Lara y después de Maria Félix y Pedro Infante.
De
todos sus cines, el señor Salas Porras guardo especial
aprecio por el Estrella, localizado en la calle Aldama, entre
19ª y 21ª, entrada a una de las zonas más pobres de la
ciudad. Cuando
don Juan visitaba al administrador, nunca faltaba gente que le
solicitaba ayuda económica.
Este cine fue administrado por el amable y bondadoso
don Cirilo Robledo, que una noche de los años cincuentas
muriera en un asalto a la taquilla.
Los vecinos aun recordamos los disparos y la conmoción
por el asalto.
Pedro
Sánchez, actual “casetita” (operador de proyector) del
cine Olimpia, a quien en 1947 le tocara ser parte del personal
inaugural del cine Colonial, recuerda de don Juan:
“Era un señor de estatura media, poco platicador con
sus empleados, muy griton y aparentemente de carácter hosco.
Pero si viera que tras ese aspecto se escondía una de
las personalidades mas nobles que yo haya conocido. Cuando andábamos
necesitados de dinero, le solicitábamos algún préstamo.
Renegaba y siempre nos decía que no había en caja
pero, sin falta, ordenaba nos prestaran lo que le pedíamos”.
Don
Juan Salas Porras también tuvo activa vida política.
Fue llamado por el gobernador Rodrigo M. Quevedo en su
cuatrienio del 4 de octubre de 1932 al 3 de octubre de 1936,
para que se desempeñara como Tesorero General del estado.
Como
su más destacada actuación en la función publica puede
citarse él haber sido director de las obras de
reacondicionamiento del Hospital de la Beneficencia Publica
(hoy conocido como el Hospital Central, antes Hospital Civil y
aun antes, en 1914, era llamado Hospital Constitucionalista
Gustavo A. Madero) y se le atribuye también que influyo en el
general Quevedo para que se ejecutaran obras para aumentar el
caudal de agua del rió Sacramento y llevarla a al ciudad.
Fue
también diputado al Congreso Local,
en la XXXVIII Legislatura, en el bienio del 16 de
septiembre de 1938 al 15 de septiembre de 1940.
Otra
de sus grandes satisfacciones fue haber sido electo presidente
de la cámara de Comercio de Chihuahua en tres gestiones:
1930,1931, y 1942. En
sus primeras gestiones
sucedió a don Lauro C. Álvarez y precedió al ingeniero
Vicente H. Arreola y en la ultima siguio a don Cipriano Ortega
y antecedió a don Leonardo “Nayo” Revilla.
Aunque
muy hogareño y poco afecto a viajar, don Juan siempre padeció
de males cardiacos congénitamente adquiridos por el lado
materno. En casa
evito de continuo hablar de negocios y de acontecimientos políticos,
y de noche gustaba caminar a los cafés o al edificio de El
Heraldo, en la Aldama y 15ª., a visitar a don Alberto Ruiz
Sandoval, y a supervisar de cerca la cartelera de los cines.
En su familia jamás tuvo cabida el adagio ese de “en
casa del herrero, cuchara de palo”, porque nunca pasaba un
domingo sin que dejara de llevar a sus hijos a las funciones
de matinée, fomentaba la unión en seno de su hogar e
inspeccionaba la operación y la atención al publico en sus
negocios.
Fue
precisamente el padecimiento cardiaco el que le causo la
muerte el 16 de febrero de 1951 en su casa de la avenida
Ocampo, junto a la Clínica del Parque.
Su sepelio fue muy concurrido por dolientes, sobre todo
del barrio de su querido cine Estrella y del gremio de los
trabajadores cinematografistas, a quienes dio durante muchos años
la ocupación de la cual vivían.
Don
Juan Salas Porras no pudo estar presente en al inauguración
del ultimo de los cines de su sociedad, que seria el cine
Plaza de esta ciudad de Chihuahua, abierto al publico en ese
mismo año.
Procreo
cinco hijos: Carlos, Elvira, Aurora, Virginia, y Juan, falleció
en 1980.
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