Manuel Rivero Mier

Don Manuel Rivero Mier fue uno de los hombres que tras haber salido de su natal España a buscar fortuna, llego  a México y Chihuahua, vino, vio y triunfo. No hizo dinero solo para él, sino que fue un destacado empresario que abrió fuentes de trabajo y movió capitales que contribuyeron al engrandecimiento de la sociedad de principios de siglo.  No fue un conquistador frió, insensible, sino el hombre bueno que aquí conoció a quien seria su esposa y madre de sus hijas, fundando una familia chihuahuense de ilustre nombre.  Fue la hospitalaria, valiente y leal Chihuahua la que cobijo al inquieto y trashumante espíritu que luego se enorgullecía de ser mexicano por la mas cara de las adopciones y la más férrea de las convicciones; fue Chihuahua la patria desertica donde echo fertiles raices, donde pregono durante toda su vida el apego a la mexicanidad; donde la especial idiosincrasia y la compleja problemática geopolitica fueron el medio propicio para demostrar que podia ser un mexicano más.

 

Don Manuel Rivero Mier fue de una generación sui generis en la que la edad y la juventud, mas que ser un obstáculo, era un poderoso acicate a buscar otros rumbos para afincarse y progresar, para vivir y crecer, para ser y realizarse.  A sus escasos 14 años decidió dejar las llanuras de Asturias, tomar en su soledad un buque de vapor, cruzar el inmenso océano y llegar al puerto de Tampico.  Imaginemos tan solo una odisea de esa naturaleza en nuestros actuales condiciones, para contrastarla y percatarnos del azaroso juego en el que se enredaba en una tierra por demás lejana y extraña cual más.  Ya no serian las tierras frías del norte de la península Ibérica las que le servirían de ambiente, sino un país en el que el trópico, la montaña y el desierto se conjugarían para darle el fogueo requerido.  Y de Tampico, con unas  cuantas monedas en el bolsillo, viajaría a San Luis Potosí y de allí al árido norte, donde hallaría por fin la familia que le deparaba el destino, aunque el ansia de viajar y conocer no se apago en Chihuahua, pues recorrió el estado a todo lo ancho para establecer tiendas de abarrotes.

 

Hijo de don Juan Rivero Sobreño y de doña Mercedes Mier, nació el 1 de enero de 1887 en la localidad de Tresgrandas, Asturias, España, una región limitada por Galicia, al oeste;  Navarra al este; el Canal de la Mancha por el norte y al sur por Castilla y Leon.  Efectuó diversas actividades en el medio rural en que se desenvolvía, cuya economía atravesaba por la depresión causada en parte por el tradicional conservadurismo español y en parte también por los años de decadencia de lo que fuera uno de los mas vastos imperios de la historia.  Era la época en que acababa de caer el rey Alfonso XIII y en que estallaba la guerra entre España y Estados Unidos, con la perdida de la ultima colonia española, Cuba.

 

En estas condiciones, el joven Rivero Mier no se conformo con dejar su terruño y marchar al encuentro de un mejor porvenir en su desgarrada España, sino que suspiro por la otra España, la que esta al otro lado del Atlántico.  Así fue como en 1901 desembarcaba en tierras mexicanas sin siquiera haber cumplido los 15 años.

 

Ya en San Luis Potosí se desempeño como dependiente en dos tiendas de abarrotes, en las que aprendió el manejo de ese giro comercial y también a ser previsor, pues estaba decidido a ser el dueño de una tienda.  La perseverancia corono su aspiración y para 1912 ya vendía mercancía suya en un local rentado allá en la capital potosina.

En 1913 emigro a esta capital de Chihuahua, donde todavía no acababa de establecerse para en 1914 huir en dos carretas rentadas a El Paso, Texas, perseguido por la animadversión que las fuerzas villitas sentían por los extranjeros.  Pero ya había emigrado unido en matrimonio a la chihuahuense Loreto Olea.

 

Pasada relativamente la turbulencia en Chihuahua, partió en 1916 a la ciudad de México, allí laboro en El Palacio de Hierro como hábil vendedor.

 

En 1917 regreso a Chihuahua para establecerse y abrir su negociación “Rivero Mier y Sucesores , S.A.”, en las calles Aldama y 4ª. El punto de ubicación y el amplio y suficiente surtido de abarrotes pronto gano una fiel clientela que llenaba, sobre todo por las mañanas, muy temprano, el establecimiento.  A medida que el negocio iba en aumento, viajaba seguido a San Antonio de los Arenales (hoy ciudad Cuauhtemoc). Ademas se adentraba don Manuel hasta Miñaca, municipio de Guerrero, a donde a lomo de mulas llevaba sus productos por cañadas y ladera como en las aventuras de la colonización. O bien se dirigía al otro extremo del estado, Ojinaga, localidad que para ser alcanzada exigía –y exige- cruzar áridas serranías y calcinantes arenas, también cansado paso de recua y al monótono giro de ruedas de carretas.

 

De esa manera en el asombroso lapso de tres años, tuvo cuatro tiendas de abarrotes de mayoreo y menudeo en las localidades ya referidas y en esta capital, producto del vertiginoso éxito que solo pueden dar la impecable administración, la absoluta entrega al negocio y la más grande autoestima, porque comprar grandes volúmenes de perecederos sin garantía de devolución implica aun hoy un alto riesgo de perdida.  Pero luego el prestigio de “Rivero Mier Sucesores” le significo que la Cervecería Moctezuma y La Tabacalera Mexicana le dieran sus concesiones para el estado, por lo que el giro de sus negocios sé amplio notablemente.

 

Manuel Rivero Mier, imagen y realidad, fungió nada menos que en cuatro ocasiones como presidente de la Cámara de Comercio de Chihuahua, a saber:

 

En 1920 y 1921, como sucesor de don Rafael Calderon y antecesor de don David S. Russed; en 1924, como sucesor de don Leicester Estrada S. Y predecesor de don Arturo Wisbrun; y en 1936, sucesor de don Ricardo Hernandez y antecesor de don Arturo Wisbrun.

 

Cuatro veces presidente de Camara de Comercio.  Tan atinada era su vision en torno al gremio que representaba; tan apreciado por sus colegas como tan respetado por las autoridades, que esas ocasiones las propuestas para llevarlo a la Presidencia fueron unanimes.

 

A toda esa trayectoria, impresionante per se, hay que agregar que fue don Manuel de los primeros concesionarios de la casa de Seguros El Sol (hoy Seguros La Comercial) y de los accionistas pioneros de fabrica de ropa La Paz y del Banco Comercial Mexicano.

 

Fue muy afecto a dar caridad a quienes la necesitaban, pero lohizo de una manera tan reservada, tan callada, que aun su esposa lo ignoraba hasta tiempo despues del fallecimiento de don Manuel, cuando muchos de los que ayudo lloraron el deceso de modo abierto y sincero.

 

Ese espiritu de ser util al projimo lo trajo afianzado de siempre, aunque afloro un  dia de noviembre de 1922 cuando el y otros joviales hombres sintieron que era urgente la creacion de un club de repercusion en el bien de la sociedad y fundaron asi el Club Rotario de Chihuahua el 6 de enero de 1923, organización en que don Manuel Rivero Mier fue uno de los cuatro directores de avenida.  Practico de modo entusiasta el lema rotario “Dar de si antes de pensar en si; se beneficia mas el que mas da”.  Y despues, ya en 1936 cuando la Guerra Civil en su natal España, sostuvo a no pocos compatriotas refugiados que, como el, habian sorteado la mar oceana para acogerse a la magnanimidad de las leyes mexicanas.

 

De carácter amable, nunca fue un hombre grosero; antes bien, sus modales eran caballerosos como gentil era su porte, todo encuadrado en una personalidad que le valiera su mucha clientela y la confinza necesaria para que muchos grandes hombres de negocios vieran en don Manuel al maestro.  Entre ellos podemos citar a don  Arturo Saldivar, don Federico Fraga Ortega –a la postre tambien presidente de la Camara de Comercio-, don Wenceslao Iberry, don Francisco Caraveo, don Miguel, don Jesus y don Jose Procopio Olea Siqueiros.  Porque en aquel hombre bonachon no observaban solamente al tendero hispano, sino al colega tan chihuahuense como ellos mismos.

 

Fue especialmente apreciado por don Eloy Vallina padre, don Simon Gil, don Leopoldo Mares padre, don Ricardo Hernandez y don Juan Salas Porras.

 

Ya cuando su economia familiar era boyante, edificio su residencia en la avenida Cuauhtemoc No. 1631, constuccion que fuera de las primeras quintas del sector y levantada por don Federico Terrazas y el ingeniero Marquez.  Esa estabilidad financiera le permitio tambien que cada dos años emprendiera viajes a su tierra de origen a visitar a sus padres, como un sentimiento que nunca podria caer en el olvido pese a que el se consideraba orgullosamente mexicano (obtuvo la ciudadania mexicana en 1927), pues finco aquí una familia integrada por cuatro hijas:  Maria Covadonga, Consuelo, Evangelina y Hortensia.

 

Cuando el 6 de junio de 1942 falleciera repentinamente en su casa de la avenida Cuauhtemoc, ese domicilio se vio pleno de gente que lamentaba la irremediable partida y fue hasta entonces cuando su familia se enterara, de viva voz de muchos de los dolientes, que don Manuel habia practicado la caridad constante pero de un modo por demas discreto.

 

Al dia siguiente, en el ultimo adios enel cemnterio de Dolores, Manuel Romero, quien fuera uno de sus mas entrañables amigos, pronuncio este discurso postumo que trnscribimos porque su contenido retrata la conmocion por la irreparable perdida y el noble apego a sus dos patrias:

 

“Manuel Rivero Mier, aquí esta tu cuerpo, el cuerpo que usaste para desarrollar tu accion entre nosotros, ocupando ya su ultima morada porque tu espiritu sublime e impoluto volo en derechura a las mansiones celestiales y ha sido  ya recibido en el seno del Señor, quien sin duda te dijo: ‘pasa, hijo mio.  Descansa’.  Porque sin duda supiste cumplir como bueno la mision que te confio.  Manuel Rivero Mier, ¿qué podemos decir de ti tus amigos? Podemos decir de ti muchas cosas; podemos decir que fuiste un buen ciudadano porque cumpliste a satisfaccion con tus dos patrias; a tu patria de origen nunca la olvidaste y supiste servirla en la prosperidad y en el dolor, a esta tu patria adoptiva tambien la serviste con lealtad, porque en ella desarrollaste tu accion benefica, benefica  a la familia, a la sociedad y a la nacion”.

 

Continua: “Porque supiste convivir con nosotros, sufrir con nuestros dolores y gozar con nuestras alegrias; demostrando con esto que Mexico es solo una prolongacion del noble y antiguo solar español, con sus leyes, sus costumbres, su religion y su idioma”.

 

“Manuel Rivero Mier; fuiste en realidad un excelente español mexicano.  Yo quisiera imitarte y ser a mi vez un buen mexicano español.  Podemos decir que fuiste un buen hijo porque nucna olvidaste a la noble y tierna viejecita que, alla en la lejana tierra, en al cas solariega, rogaba constantemente a Dios por ti; un esposo ejemplar porque nos consta que hiciste de tu hogar un templo; un padre amoroso, tierno y cumplido porque alli estan tus hijas demostrando con su posicion y su conducta que supiste educarlas”.

 

“Un amigo exelente, noble y leal y bueno, porque aquí estamos tus amigos en este acto postumo para corroborarlo”.

 

“Manuel  Rivero Mier: que esta trinidad de palabras se fije en nuestra conciencia como un simbolo de honor, lealtad y honradez.  Tu ya eres libre, tu ya te encuentras gozando de la plenitud d ela vida en el seno del Señor.  Ruegale a El porqaue nosotros aun estamos aquí esperando su llamado.  Que el recuerdo de tu noble ejemplo y de tus virtudes sea el balsamo que mitigue poco a poco el justisimo dolor de tu querida esposa, amadas hijas y de tus parientes todos y de todos tus amigos que estamos aquí, llenos de tristeza cumpliendo con el ultimo deber, devolviendo este cuerpo que fue el templo de tu espiritu a la Madre Tierra.  Adios, Manuel Rivero Mier”.

Tomado del libro "EL COMERCIO EN LA HISTORIA DE CHIHUAHUA" edicion 1991