Roberto Ortiz Raynal

“Tres etapas tres”. Así podríamos definir la vida de don Roberto Ortiz Raynal: Tres épocas tan destacadas fundidas en una sola personalidad. Como comerciantes a sus 74 años, sigue en pleno ejercicio; como alcalde  de Chihuahua de 1962 a 1965, hizo para los chihuahuenses algo que quizá no se haya repetido, y como deportista e impulsor del deporte ha compartido la gloria de la dedicación que mostrara Leonardo “Nayo” Revilla. Tres etapas, tan diferentes, tan disímbolas una de otra, pero concatenadas tan solidamente que Don Roberto no podría ser si se le mutilara alguna de ellas.

¿Por cual empezar si tan importante es una como la otra? Creemos que con el cause natural y vivencial podremos desfacer este entuerto.

 

Hijo de Don Cristóbal M. Ortiz Venegas y de Doña Maria Isabel Raynal Bonilla, nació en esta ciudad de Chihuahua el 10 de febrero de 1916. Influenciado desde sus primeros años por la actividad comercial de su padre –Don Cristóbal era expendedor de pasturas desde el siglo pasado hasta después de la Revolución, con su negociación localizada en Aldama y 31ª, donde es hoy una arena de lucha libre-, Don Roberto siempre tuvo presente que su futuro estaría en los negocios.

 

Curso la educación primaria en el Instituto Elemental de ciencias en el Colegio Palmore de esta capital y se graduó de contador privado en la Escuela Bancaria y Comercial de México, D.F., en 1938.

 

Regresando de México, fue contador y auditor de algunas empresas durante tres años. En 1941 se lanzo a la fundación de su primer negocio, “Comercios Unidos, S.A.”, localizado en el sitio que ocupa la Botica Central en la calle Victoria y vendía todo el giro de ferretería, incluso muebles de baño.

 

Siguiendo con paso firme en 1946 concreto la fusión con “Importadora Comercial, S.A.”, para vender sus acciones al año siguiente. En la Importadora se vendían materiales de procedencia norteamericana así como calefactores de leña y petróleo y tanques de gas.

 

En 1948 fundo la “Central Ferretera”, primero establecida en Aldama la “Central Ferretera”, primero establecida en Aldama y 11ª, y luego en Victoria y Tercera. Central Ferretera gozó siempre de considerable clientela hasta 1965, cuando un incendio acabó con el local y los costos para empezar de nuevo hicieron que don Roberto abandonara el negocio.

 

En 1955 adquirió el 25% de las acciones de Industrias Procesa de Monterrey, fabricantes de sanitarios, Lavabos y otros enseres para baño, aunque vendió sus derechos a la América Standard Inc. En 1962.

 

En 1966 estableció “Roberto Ortiz Constructora, S.A.”, compañía que hasta 1983 había construido unas 3 mil viviendas de interés social en Chihuahua y su región.

 

Sucedió en la Presidencia de la Cámara Nacional de Comercio de Chihuahua, en 1955, a don Juan Enríquez Alcalá y entregó el cargo a Don Nicolás Salomón. En esa gestión se había planteado la necesidad de que la Cámara tuviera un local propio y más funcional, pues el de entonces, en Ojinaga y Tercera, era ya inadecuado. Años después en la gestión en la gestión de don José G. González, 1957 y 1958, se realizaría el edificio de Morelos y Segunda. En 1962, don Roberto Ortiz fue reelecto, pero, como veremos más adelante, fue lanzado en campaña para alcalde y debió separarse del cargo en Canaco en mayo de ese año, para lo cual fue sustituido por don Mario Lozano Rocha.

 

Algunos de sus colaboradores en ambas administraciones fueron Don Alfonso Escárcega, Don Juan Enríquez, Don Juan Fornelli, Don Luis Lara Leos y Don Ramiro Uranga.

 

Hasta aquí de manera muy general, la etapa como directivo de Canaco y como empresario. Ahora pasemos a su faceta política.

 

Priista desde los años 40´s, en 1958 fue designado director del Consejo Económico y Social para el Estado de Chihuahua, como parte del diseño de campaña del candidato Adolfo López Mateos, al poco tiempo presidente de la Republica. Con el apoyo del gobernador Teofilo Borunda, el Consejo fue considerado él mas activo y mejor dirigido.

 

Lo que ofrecía en campaña fue cumplido con creces, no obstante el exiguo presupuesto municipal de entonces: ¡diez millones de pesos al año! Para un municipio de 150 mil habitantes. La seguridad publica fue la prioridad de su administración. Puso como comandante honorario de la Policía Municipal a Don Rafael Vallina, quien colaboró desinteresadamente en la adquisición, por su cuenta y riesgo, de algunos autos-patrulla y de los equipos de radio para las 20 unidades de entonces. No tolero actos de prepotencia ni de corrupción e hizo muchos cambios en las filas de los uniformados hasta lograr que fueran ellos mismos los que entregaran voluntariamente los sobornos. Destino para la policía el 60% del presupuesto en ese trienio.

 

Desató una campaña contra el vicio que fue sin miramientos y permanente –antes había hecho promulgar duras disposiciones municipales para expendios de bebidas alcohólicas y restaurantes, muchas de las cuales siguen vigentes-, la que para 1964 había dado esta sorprendente estadística: se clausuraron 142 negocios entre cantinas, burdeles y restaurantes “sin cocina”, y de modo paralelo él personalmente y sus colaboradores visitaban colonias y escuelas para ofrecer conferencias con proyección de películas acerca de los peligros del vicio, todo encuadrado en un comité integrado por paterfamilias, maestros, y alumnos de todos los niveles.

 

Al terminar su periodo su obra recibió reconocimientos tan sinceros como espontáneos y a la fecha gente que fue gobernada por aquel ayuntamiento lo continua catalogando como uno de los alcaldes más honestos y activos que haya tenido nuestro municipio.

 

En su tercera faceta como aficionado a todo deporte desde su juventud, ya cuando tuvo recursos económicos que le daban sus empresas se convirtió en una de los mas generosos patrocinadores de equipos de básquet, voli, beis, futbol. Cuando tuvo la Central Ferretera, en una sola temporada llegó a traer hasta ocho equipos para todos los juegos de pelota y aun para escuadras de natación. Como alcalde destinó cantidades suficientes para habilitar y crear canchas deportivas; y fuera del cargo, tras concluir su presidencia, fue nombrado sucesivamente presidente del Comité Municipal de Básquetbol, de Natación, de Boliche y fue también directivo del Comité Estatal de Fútbol.

 

A Don Roberto Ortiz Raynal y a sus gestiones se debe que el gimnasio “Nayo Revilla” lleve ese nombre, pues en 1959 así se le bautizo en un acto encabezado por el gobernador Teofilo Borunda.

 

En 1989, llamado por el gobernador Fernando Baeza Meléndez, Don Roberto Ortiz tomo parte activa en la ubicación, construcción y montaje del anhelado Salón de la Fama para dar el lugar que merecen quienes se entregan en cuerpo y alma al deporte de Chihuahua.

 

Don Roberto Ortiz Raynal esta casado con Doña Maria Yapor y es padre de dos hijos, Maria Isabel y Roberto. Este ultimo es exitoso empresario propietario del conocido restaurante “El leñador”.

 

Como decíamos, Don Roberto al cumplir casi tres cuartos de siglo no le ha perdido ni el sabor ni la huella al mundo del comercio. A la fecha es dueño de propiedades inmobiliarios y de un salón de recepciones que lleva el nombre de su madre y su hija: “Salón de Fiestas Maria Isabel”, en la calle Julián Carrillo. Además, inquieto con él solo, tiene el proyecto de emprender otra campaña contra la fármaco-dependencia, como aquella de grata memoria de 1962 a 1965 que planea poner en practica con apoyo de la Presidencia Municipal y del gobierno del Estado. Piensa asimismo integrar un comité que lleve videos a puntos neurálgicos de la ciudad y en plena calle y en explanadas de escuelas para hacer conciencia de lo nocivo que resulta consumir drogas.

 

Roberto Ortiz Raynal, el comerciante-político-deportista, no se apaga. Ojala tengamos para buen rato a este hombre de constructiva actividad.

Tomado del libro "EL COMERCIO EN LA HISTORIA DE CHIHUAHUA" edicion 1991