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Don
Cipriano Ortega Domínguez fue una de las instituciones
vivientes del comercio y de la banca chihuahuense de hace
medio siglo, cuando aun la actividad productiva local y
nacional resentía los efectos de la Segunda Guerra Mundial,
puesto que ningún país del orbe podía estar al margen de
tan enorme conflicto. Eran
días de tensión, pese a que el desarrollo detallado de la
grave conflagración era seguido de cerca y los chihuhuenses
exclusivamente a través de la radio, de la prensa local y
nacional y así y todo la guerra era un acontecimiento que no
dejaba de preocupar incluso almas indiferente y fue motivo
para causar depresión en muchas áreas de la inversión
publica y privada.
No
obstante las naturales lagunas de recuerdos que trae aparejada
la edad, don Cipriano rememoraba vividamente aquellas épocas,
aquellos difíciles tiempos.
El
peso de sus bien vividos 89 años se aligeraba cuando era
requerido a narrar sus múltiples e interesantes vivencias.
A leguas se apreciaba su irrefrenable placer de evocar
tanto hecho del que fue protagonista lustro tras lustro.
Vio
la luz primera el 12 de octubre de 1901 en esta capital de
Chihuahua. Curso
los primeros tres años de la instrucción básica en la
Escuela Anexa a la Normal, plantel donde hoy en día se sitúa
el Palacio de Justicia, en calles Allende y Vicente Guerrero.
Del cuarto sexto grado los hizo en el Colegio Palmore.
De ahí paso al Instituto Científico y Literario y
después a la Escuela Comercial Bancaria, donde concluyo la
carrera de tenedor de libros y de funcionario bancario.
Fueron
sus padres doña Felicitas Domínguez, originaria de Rosales,
Chihuahua, y don Cipriano Ortega Galván, prominente
comerciante de San Juan de los Lagos, Jalisco, que había
llegado a Chihuahua atraído por la bonanza ganadera y minera
del estado.
Don
Cipriano padre trabajo en la gran tienda que fue Ketelsen y
Degetau, en la calle Libertad, entre Independencia y Segunda,
donde se ofrecía en venta ropa, calzado, vajillas, estufas de
leña y diáfano y maquinaria agrícola e industrial.
El era el jefe de almacén a cargo de las entradas y
salidas de mercancía, de los pedidos y de las devoluciones.
Esa
labor de su padre influyo de manera determinante en el joven
Cipriano el cual estuvo desde siempre enfocado hacia los
negocios, pero sobre todo al giro de la actividad bancaria,
ramo al que toda su vida abrazaría como el único de sus
empleos y al que dedicaría especial esfuerzo para hacer de el
una carrera de permanente acceso.
La
dedicación y constancia que manifestara recién egresado de
sus estudios comerciales le valieron la colocación inmediata
en el Banco Russek, de don David S. Russek, localizado en
Aldama e Independencia donde llego a la subgerencia y a la
postre a la gerencia de dicha institución, hasta su
desaparición en 1934.
En
1935 fue nombrado gerente del Banco Mercantil en la sucursal
de Ciudad Juárez, cargo que ocupo hasta 1940.
En
1940 fue llamado por don Eloy S. Vallina para desempeñara la
gerencia del Banco Comercial Mexicano (antecedente de Comermex).
En esa misma institución fue nombrado gerente nacional
en 1970, hasta 1982, año en que la administración de las
sociedades bancarias paso a poder del Gobierno Federal.
Asimismo,
fue en sociedad con los señores Gómez, Santillán y don
Antonio Díaz Garza, fundador de la línea de transportes de
Chihuahuenses. La
empresa, establecida en Ciudad Juárez en 1938, inicio dando
servicio con ocho camiones en rutas de aquella frontera a esta
ciudad y a Parral, para luego extender su
cobertura a otros puntos importantes del país.
Don
Cipriano fungió como presidente del Club Rotario de
Chihuahua, A.C., de 1945 a 1946.
Fue
también socio fundador del Club Campestre de Chihuahua.
Tuvo
a su cargo la Presidencia del Casino de Chihuahua.
Electo
presidente de la Cámara Nacional de Comercio de Chihuahua en
1941, le toco la dura época en que la Segunda Guerra Mundial
estaba en todo su destructivo apogeo.
Fue en Canaco el sucesor del doctor don Francisco José
Prieto Aizpuru y el antecesor de don Juan Salas Porras en la
tercera gestión de este ultimo.
De
su administración en Canaco, don Cipriano recordaba; “era
una época muy difícil en todos los sentidos.
En la ciudad faltaban muchos servicios y mucha de la
mercancía que el comercio organizado colocaba debía ser
importada de otros estados del país o del extranjero, sobre
todo de el Paso y Laredo”.
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