Ruben Legarreta Ronquillo

Como empresario de una de las casas comerciales de mayor tradición  en esta capital de Chihuahua,  como consejero del Centro Patronal y como expresidente de la Camara de Comercio de Chihuahua, Don Rubén Legarrreta Ronquillo es uno de los comerciantes de mayor relevancia y de recoincida conciencia gremial.

 

Porque ¿quién de nosotros no sabe qué es y dónde está ubicada La Feria? Es que hablar de Don Rubén es hacerlo también de La Feria, y a la inversa, como prueba de tenacidad, esfuerzo y autoconfianza. La Feria ha  jugado una parte decisiva en su vida, por haber sido su único trabajo, su apoyo familiar como herencia paterna. La Feria ha sido, por décadas, más que un importante almacén de ropa, un punto de referencia para la ciudad entera.

 

Nació en esta capital el 25 de mayo de 1925, hijo de Don Jesús Legarreta T. y de Doña Eustolia Ronquillo, ambos chihuahuenses.

 

La trayectoria de su padre, también como comerciante en el primer cuarto de siglo (fue fundador de La feria en 1928), influyó sobremanera en ese joven que, convencido de que el comercio era una actividad redituable si se le sabe tratar, incursiono por los caminos de la contaduría. En 1939 fue enviado a México a estudiar en la Escuela Bancaria y Comercial, donde se graduó en la carrera de contador privado. Los conocimientos allí adquiridos fueron los necesarios y suficientes para que, de manera inmediata a su regreso a la capital del país, los aplicara en la administración del negocio de su padre, “la Feria”, en Libertad y 4ª.

 

Sus inicios de comerciante fueron en los duros años de la Segunda Guerra Mundial cuando los Estados Unidos combatían principalmente en el frente del Pacifico y el histórico Escuadrón 201 mexicano había marcado la decisión nacional de hacer frente, de modo directo, a las potencias del Eje. Y vaya si esa época tuvo incidencia en el comercio local: todo la importado, en especial las refacciones automotrices, agrícolas e industriales, aparatos electrodomésticos, reactivos químicos y medicamentos llego a escasear con tan notoria fuerza que había ciclos en los que incluso meses enteros no era posible conseguir en ningún lado esos satisfactores. Pero La Feria, dado su giro comercial, no resintió tanto esas circunstancias, debido a que vendía casi exclusivamente marcas de producción nacional de ropa y calzado.

 

Su hermano Jesús y él debieron ponerse al frente del negocio familiar ante lamentable perdida de su señor padre, Don Jesús, en 1946; aunque ya la empresa gozaba de un sólido prestigio y una fiel clientela que, sin embargo, era necesario incrementar.

 

La unión de los acertados criterios de ambos hermanos pronto se traduciría en una mayor popularidad de la tienda debido a los atractivos planes de crédito que ofrecían. Fue entonces cuando surgió la sociedad con nueva denominación: “Jesús Legarreta, Sucesores, S.A.”, que a la fecha conserva y es sinónimo de reconocidas marcas en vestuario para dama y trajes para caballero.

 

El hecho  de que Don Rubén a trabajado toda su vida en dicha negociación familiar y la manera de administrarla ha quedado siempre reflejado en una situación favorable y de magníficos resultados.

 

Precisamente por el dedicado manejo de sus finanzas y el sólido sostenimiento de La Feria tras tantos años de fundada, le valió ser electo en 1968, presidente de la Cámara Nacional de Comercio de Chihuahua, para ser el sucesor de Don Juan Fornelli Ruiz y el antecesor de Don Humberto P. Miramontes.

 

Entre algunos de sus colaboradores en la mesa directiva a su cargo  podemos citar a Don Ricardo Lara González, como vicepresidente; a Don Alfonso Escárcega Terrazas, como gerente; a Don Gregorio Riosvelasco, a Don Ernesto Lafón, a Don Juan Fornelli y a Don Juan Lozano Nevraumont.

 

En su gestión, uno de los problemas que daba mas dolores de cabeza a sus representados –y a él mismo- era el contrabando: las autoridades no eran capaces de someter, pese a lo ilícito de la actividad, a tanto vendedor informal que, además de evadir los impuestos que el gremio pagaba religiosamente, representaba una feroz y desleal competencia.  Las quejas, formales y  verbales, no prosperaban en la representación distrital de aduanas y las instancias estatales y municipales manifestaban su incompetencia jurisdiccional en tal problemática. Ante ello, Don Rubén organizó una comisión de Canaco Chihuahua, encabezada por el mismo, para plantear de viva voz la situación al presidente de la republica Gustavo Díaz Ordaz, previa cita con su Secretario de Hacienda, el parralense Antonio Ortiz Mena.

 

La situación, tal como se esperaba, resultó favorable para los comerciantes organizados: por disposiciones presidenciales directas, los agentes aduanales emprendieron una campaña anti-contrabando no solo en las inmediaciones del sector comercial local, sino a escala de transporte de “fayuca” y en carreteras y en grandes almacenes la Secretaria de Hacienda daba golpe tras golpe; tantos, que la actividad de introducción de mercancía americana resintió un palpable desplome. De modo pues, que la decisión de nuestro biografiado fue tan efectiva como bien vista por la totalidad de socios locales y de industriales nacionales. La Canaco era noticia en la prensa diaria, y se sintió, como no hacia tiempo, la fuerza de la organización del empresariado chihuahuense.

 

A la fecha, Don Rubén evoca aquella acción de hace 22 años, pero no se adjudica, por modestia, la paternidad de los hechos, si no que transfiere aquel éxito a la cooperación de colaboradores y asociados.

 

Su actuación en Canaco le significo también que se desempeñara como consejero del Centro Patronal de Chihuahua y en su vida social fungió como presidente del club Sembradores de Amistad en 1970.

 

Del tan llevado y traído Tratado de Libre Comercio en Estados Unidos, documento aún en preparación entre ambos gobiernos federales, Don Rubén se muestra pesimista: “Si se concreta, como es casi un hecho, no la vamos a pasar muy bien. Es que no estamos preparados todavía”.

Abunda: “Mientras no seamos, digo seamos porque somos el país entero, competitivos en calidad y precio, el panorama no es muy blanco que digamos. Y eso es difícil, pues el punto de comparación con el mayor mercado del mundo así nos lo hace ver”.

 

Don Rubén Legarreta Ronquillo esta casado con Doña Georgina Hernández y es padre de Georgina, su única hija.

 

A la fecha, ejerce la dirección de La Feria, donde permanece la mayor parte del día cual si fuera un empleado más. Y es que, como ya dijimos, La Feria ha sido, si no todo, sí mucho para él. Pero no es el dueño malhumorado que muchos pueden concebir. Don Rubén es trato directo, sin ambages, pleno de sencillez, y es un deportista convencido a su modo: recorre a diario de cinco a seis kilómetros en sus infaltables caminatas, lo que lo mantiene en excelente salud.

Tomado del libro "EL COMERCIO EN LA HISTORIA DE CHIHUAHUA" edicion 1991