Jose Guadalupe Gonzalez Gonzalez

Uno de los presidentes de la Cámara de Comercio de Chihuahua que desarrollo su labor en forma callada, metódica, conservadora, pero sumamente activa y efectiva en bien de los intereses del gremio, fue Don José Guadalupe González, quien en la ardua tarea de la edificación de aquel histórico local de Morelos y segunda fue figura significativo.

Aunque fue neoleonés de origen, Don José G. González manifestó siempre un especial efecto por todo lo que representaba Chihuahua para él y para su familia.

 

Nacido el 12 de Diciembre de 1898 en Pesquería Chico, localidad al noroeste de Monterrey, hizo toda su instrucción primaria en la escuela Oficial de esa población. Luego fue enviado a Monterrey a que cursara la carrera de teneduría de libros –algo así como la contabilidad de hoy en día conocemos-, con lo cual quedaría Don José empapado de los vericuetos de las operaciones comerciales y ya desde entonces estaría señalado para ser un prominente empresario en los mochos años que faltarían por llegar. En esa carrera fue compañero de Don Lázaro Villareal, otro personaje de valía en la historia de Chihuahua.

 

Siempre estuvo dentro del comercio, ya en un negocio, ya en otro. Recién egresado de la escuela de comercio, ingresó a la sombrerería de Sotero Lozano, uno de sus cuñados, llamada “La Bella Jardinera”, entonces uno de los más prometedores negocios en Monterrey.

 

El 16 de noviembre de 1924 contrajo matrimonio con Josefina González una maestra de escuela, también en Pesquería Chico.

 

Tras el fogueo en la sombrerería, entro en el área de embarques de Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, donde llevaba los libros, nominas y operaciones de ventas y pedidos de materia prima.

 

En ese entonces, su hermano, don Norberto González  –a la fecha propietario de la conocida mueblería Gonter, acrónimo de “González Tercero”-, decidió marchar a Chihuahua capital a iniciar su prospero negocio. Don Norberto empezó trabajando en “Salinas y Rocha”, sucursal de la matriz regiomontana en 1931, donde laboraba también Ramón González, otro hermano de Don José y de Don Norberto pero quiso el destino que Don Ramón fuera arrollado por un auto en las calles Gómez Farias y 4ª., el 6 de diciembre de 1934 y falleciera el 13 de ese mismo mes. Tan infausto acontecimiento precipito la partida de Don José a Chihuahua, a fin de colaborar con Don Norberto en el proyecto de fundar una mueblería y en enero de 1935 arribo a nuestro biografiado a esta capital.

 

De llegado, Don José entro a “Salinas y Rocha”, donde se desempeña hasta 1946; regresa a “Gonter” para retornar a “SyR”, donde permaneció hasta diciembre de 1952, empresa en la que ya para entonces Don Norberto era gerente y Don José fungía como subgerente. Fue  el 30 de diciembre de 1952 cuando ambos fundaron “Mueblerías González, S.A.”, con el local que permanece en la calle Victoria No. 304, en el cual dura 31 años, hasta 1958, en que fue objeto de un infarto al miocardio que lo alejo por completo de sus normales actividades.

 

Tuvo a su cargo la Presidencia de la Cámara Nacional de Comercio de Chihuahua en dos gestiones consecutivas, en 1957 y 1958. Fue precisamente el infarto ya mencionado la circunstancia que lo obligara a renunciar a su cargo y el Informe Anual quedara en manos de su sustituto, Don Salvador Díaz Félix, apenas a una semana para que todo hubiese transcurrido sin incidente alguno.

 

Aquí en Chihuahua, don José siempre tuvo predilección por dedicarse al ramo mueblero, giro al que calificaba de “muy noble”, pese a las limitaciones en lo tocante a proveedores, fabricantes y variedad de menaje: en Chihuahua no habia fabricas de renombre –las existentes eran casi artesanales- y habia que mandar pedir muebles por docenas a Monterrey, por ejemplo, “Camas de Metal, S.A.”, que hacia bases, estructuras y tarimas, o a “Colchones S.A.” factoria dedicada a la manufactura de borras y colchas. A Saltillo había que pedir roperos –aquellos clásicos, con enormes espejos y muchos cajones, todavía con cerraduras “de ojo”- y recamaras; de Durango, “Muebles Guadiana” era el principal proovedor, y hacian tambien recamaras y tocadores. De El Paso, Tx., se traían los gustados linóleos, sobre todo los famosos “Gold Seal” de la Zork Hardware. Llegaban antecomedores de “Industrial de Camas, S.A.” y sillas de “La Malinche”, ambas empresas también de Monterrey, de tal calidad por sus maderas de olmo desflemado, que a la fecha las hay en uso en algunas mueblerías locales y no pocas casas del país. Y todo esto se tenia que importar  de la nación o del extranjero, porque en Chihuahua capital apenas se desarrollaban micro –empresas, pero que no producían con la periodicidad ni el volumen ni la calidad requeridos por el exigente consumidor chihuahuahuense, auque si producían “juegos de desayuno”, compuestos por una mesa, cuatro sillas y el trastero, todo de madera.

 

Los muebles metálicos, como gabinetes de pared, empezaron a popularizarse a principios de los años 60´s, y de allí para adelante los materiales sintéticos como la “formica” cobran auge en lo que a mobiliario se refiere. Es el mismo caso de las estufas y calefactores, cuyo material, el fierro vaciado, y cuyo combustible, la leña, apenas empezaron a ser masivamente sustituidos a mediados de los años 50´s. Ni que esperanzas aún de las cocinas integrales y los hornos de micro-ondas.

 

Don José G. González tuvo siempre preferencia por ofrecer su mercancía a la gente humilde, “la que, al contrario de lo que muchas personas piensan, es muy buena paga”, diría alguna vez. “Hay gente que no puede pagar y hay gente que no quiere pagar, que es bien diferente. Quien no puede pero si quiere pagar, merece ser ayudado de alguna manera y el que no quiere pagar, sencillamente no paga, ni con demandas en su contra”.

 

Esa sencillez innata en don José lo motivo a que jamás tuviera su oficina, su cubículo, como sitio aislado, encerrado y por el contrario su escritorio de continuo estuvo a la vista del cliente, a la vista de todos, con lo que se entablaba un trato directo y cálido entre el propietario de la mueblería y el consumidor.

 

Lo mismo pasaba con los libros y demás documentos que debían ser revisados por las autoridades fiscales del Estado o de la Federación: cuando se presentaban los inspectores, la operación era rapida  por demas, todo por la politica de cuentas claras practicada por Don José.

 

Conocedor de muchos y variados temas –leía de filosofía, literatura, historia y religión, etc.-, los valores fueron cosa recurrente en su vida: “Es muy costoso sostener la mentira”; “Las deudas no son convenientes, hay que pagarlas siempre, aunque nos representen enorme esfuerzo, pues de otro modo  no se puede dormir bien”,eran algunas de sus máximas, bien conocidas  entre sus muchos amigos, con quienes gustaba sostener polémicamente de pura logica. “¿De qué se trata? –les decía al llegar al café-. Yo llevo la contra”.

 

Fue Don José quien correspondió el honor de dar los últimos toques al edificio de Morelos y Segunda, obra nacida del entusiasmo de don Alfonso Escárcega Terrazas. De un lote de butacas adquirido por la remodelación de una sala de cine del Distrito Federal, Don José rehabilitó muchas de ellas, que sirvieron para equipar el salón de sesiones del comercio chihuahuense.

 

Ya retirado desde aquel diciembre del ´58, Don José fue un gran caminante de la ciudad y sin faltar un solo día recorría el tramo desde su casa en la calle 20, cerca de la Penitenciaria, hasta los cafés del centro. Siempre padeció del corazón, pero nunca se quejaba: sus dolencias no tenian porque ser de nadie. Así y todo, la rutina casa-café-tienda fue siempre jovial, optimista, llena de vida, como llena de vida era su personalidad: de talante tranquilo,centrado, conciliador, no lo era tanto cuando tenia sus exabruptos. Pero el rencor no fue una de las pasiones que anidara en el: al minuto de su coraje, todo estaba felizmente olvidado.

 

El tren de vida de sus últimos días fue merecidamente apacible.

 

Incluso el 2 de Octubre de 1979, dos días antes de su fallecimiento, don José salió a caminar como de costumbre y hasta entonces se quejo de una molestia en el pecho. “No creo en la resignación, sino en la conformidad con Dios”, fueron sus palabras en esos días.

 

El 8 de Octubre, Don Alfonso Escárcega, en un articulo publicado en El Heraldo, hizo referencia a que había planes para que Don José fuera merecedor de la medalla de oro Canaco.

 

Su esposa Doña Josefina, murió el 7 de noviembre de 1984.

 

Sobreviven de esta casta la profesora Josefina Loreto y el abogado Gonzalo Jaime González González.

Tomado del libro "EL COMERCIO EN LA HISTORIA DE CHIHUAHUA" edicion 1991