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Ser
presidente de la Cámara Nacional de Comercio de Chihuahua
implica, además de representar intereses de los asociados,
mostrar y demostrar cualidades personales, sentido común,
mensura no ya tanto como comerciante que también se es, sino
un criterio que trascienda el ámbito de la Cámara y refleje,
en la sociedad, el esfuerzo gremial. Y ser presidente, además,
significa la entrega consiente al cargo, habida de que es
honorario y conlleva la actividad compartida con los negocios
propios.
Estos
conceptos parte de la filosofía empresarial de liderazgo y
practicados necesariamente por todos y cada uno de los
directivos, fueron constantes cotidianas en la gestión de Don
Juan Cruz Fornelli Ruiz, para zanjar las discrepancias,
naturales en toda institución que se precie de operar con voz
y voto, y dirimir salomonicamente dichas diferencias.
La
vida laboral de Don Juan, desde linotipista hasta vendedor de
autos y empresario distinguido en el romo automotriz, ofrece
útiles enseñanzas aun para quienes no pertenezcan al
comercio.
Originario
del mineral de Ocampo, Chihuahua, nació el 24 de noviembre de
1908, hijo del matrimonio formado por don Felipe Fornelli y Doña
Luz Ruiz de Fornelli. Era aquella una época en que Ocampo
atraía a mucha gente y ofrecía un futuro promisorio
basado en la extracción y beneficio del mineral, tan
importante que fue uno de los principales polos productivos de
la entidad cuando aun ni esperanzas había que surgiera Cuauhtémoc
–por entonces una modesta estación de bandera del
ferrocarril-, y sólo Parral, Santa Bárbara, Cusihuiriachi,
Naica, Uruachi, Juárez y Chihuahua capital daban expectativas
de desarrollo inmediato.
Así
y todo, con Ocampo y su riqueza propia, nuestro biografiado
fue enviado en 1916 a la capital del estado a cursar sus
estudios elementales, para ingresar a la Escuela Primaria
Anexa a la Normal. En 1923 ingreso a sus estudios comerciales
en el Instituto Científico y Literario, más diversas
circunstancias le impidieron seguir allí y en 1924 entró al
Instituto Elemental de Ciencias de los Padres Jesuitas.
En
1926 inició su vida laboral en la Imprenta del Norte, como
corrector de pruebas de linotipo, no de balde la instrucción
recibida en el Instituto y en el Colegio de Jesuitas, por
medio de la cual tuvo un excelente
desempeño en cuestiones de redacción, estilo y
ortografía. Allí, el joven Juan detectaba y marcaba errores
en las “galeras”, o prueba húmeda de las composiciones
hechas con tipos de plomo impresas con tinta en planas
tentativas, que debía corregir los “linotipistas o los
“cajistas” (linotipistas que componían, a mano los
titulares de los artículos o los anuncios publicitarios). De
allí, Don Juan saltó al puesto de linotipista, ya con plena
destreza para manejar el linotipo y acostumbrarse al calor del
crisol. En la imprenta permaneció hasta 1929, el agitado año
de la Rebelión Renovadora, cuando el estado de chihuahua se
puso tan candente, precisamente como aquel crisol del
linotipo.
Obligado
por los hechos por los hechos violentos consecuentes de la
adhesión del gobernador Marcelo Caraveo a la causa del
sonorense Fausto Topete en contra del presidente Emilio Portes
Gil. Juan Fornelli emigró temporalmente a Creel a efecto de
evitar ser alistado en el Ejercito Renovador. Unos meses
bastaron para que los violentos ánimos políticos bajaran su
cause y a fines del mismo ´29 regresó Don Juan a Chihuahua.
En
la Cámara de Comercio de Chihuahua estaba por concluir la
gestión de Don Lauro C. Álvarez, Presidente ejercida por la
renuncia de Don Fernando Orozco a la Cámara y al Gobierno del
Estado.
Don
Lauro Álvarez, sabedor de la valía de Don Juan, le dio
empleo en su negociación de venta de autos, concesionario de
la marca Ford, en las calles Victoria y Tercera. Esa empresa,
tan boyante entonces, tenia su lote exhibidor de vehículos
nuevos y adyacentes a este el lote de autos usados. Muy
pronto, el señor Fornelli se empapo del gusto y los secretos
de la venta de autos llegando a ser vendedor estrella de
aquellos vehículos de formas redondeadas y de motores de 4
cilindros (los motores de 8 cilindros fueron introducidos en México
y en Chihuahua hasta 1932.
Un
motor de estos se vendía en la estratosferica cantidad de mil
500 los modelos austeros y en mil 700 los equipados.
Dieciséis
años después en 1946, don Juan Fornelli se convertía en
accionista mayoritario y presidente del Consejo de
Administración de la naciente empresa “Superautos de
Chihuahua”, que distribuía autos mediante la concesión de
la Lincoln-Mercury, subsidiaria
de Ford pero manejada como línea aparte. Aquellos vehículos,
los más finos del mercado comercial americano, además del
Cadillac del General Motors, eran también muy caros pues se
cotizaban entre 6 y 7 mil pesos.
El
rumbo de la empresa fue siempre viento en pompa, tan así que
durante 26 años, hasta 1972, fue la única que colocara
marcas tan prestigiadas como las mencionadas. Ese año fue
cuando Don Juan vendió la negociación, porque sentía que ya
había dado lo mejor de sí en ella.
Electo
presidente de la Cámara Nacional de Comercio de Chihuahua en
1967, fue sucesor Don Mario Lozano Rocha y predecesor de Don
Rubén Legarreta Ronquillo.
Sus colaboradores: Don Gregorio Riosvelasco, Rubén
Legarreta, Carlos Talamas, Juan Lozano y Miguel Morgensern.
Su
gestión puso a prueba su integridad como parte indisoluble
del gremio de comercio y su templaza como directivo del
organismo. Resulta precisamente que 1967 fue en particular
duro por el pasivo acumulado en la institución y había el
serio riesgo de que el edificio de la Cámara, de Morelos y
Segunda, pudiera ser vendido como medida emergente para hacer
frente a los adeudos. Un tanto desesperados los comerciantes
chihuahuenses, se decidieron a acudir en busca de apoyo a la
confederación de Cámaras de Comercio(Concanaco) con el
directivo nacional, Don Armando Fernández. Este, conciente de
la critica situación, logró que el Consejo de Canaco
concediera una salvadora prórroga. Y Don Juan obtuvo aquí en
Chihuahua un préstamo bancario por 25 mil pesos, con lo que
pudo evitar un lamentable naufragio.
Otros
de sus logros fue el de, no obstante la escasez de recursos
económicos ya referida, hacer posible los festejos del LXXX
aniversario de Canaco Chihuahua, una celebración que no podía
ser pasado por alto. Con la colaboración de los 80 socios
registrados entonces y con la cooperación del Gobierno el
Estado, los festejos se efectuaron en los Patios del Campestre
y a los que asistieron todos los empadronados, el gobernador
Práxedes Giner Duran y
su gabinete, el titular de Concanaco y representante de Cámaras
de Comercio del país.
Pero
el que fue, a
juicio nuestro, más trascendente acto de su gestión, haber
sabido conciliar las posturas de los comerciantes de entonces,
referidas a los horarios de operación de lo0s socios del
primer cuadro citadino. Todo comenzó cuando las primeras
grandes tiendas de autoservicio de las ciudad habían abierto
hacia el norte y como su horario era necesariamente corrido,
los asociados del centro protestaron porque ellos deberían
también abrir a horas entonces no tradicionales. De
esa manera, a Don Juan Fornelli le toco atender los
planteamientos de ambas partes y capotear el asunto. Pero ¿a
cual lado deberá hacerse?
Antes
que nada le era preciso conducirse como presidente de Canaco,
independientemente de la grata amistad que debía y le debían
sus colegas. Lo salomónico de ella fue que, por las vías
estrictamente justas y legales, aquello se resolvió
atendiendo a las disposiciones de derecho no solo de la Cámara
sino social. Los comerciantes del centro vieron que eran
improcedentes sus planteamientos y terminaron admitiéndolo así,
pero sin resquemores de tipo alguno. La postura de Don Juan,
lejos de haber sido condenada, fue aplaudida, por todos, aun
por los desfavorecidos. Tan es así, que no pasó mucho tiempo
en el que de nuevo imperara el espíritu gremial de siempre.
Es que, como ya lo mencionamos,
es natural que en un organismo de tanta importancia como
Canaco ocurran desacuerdos, pues de otra forma el sentido
democrático se perdería y se tendería a lo monolítico.
Grosso
modo, estas líneas reflejan la destacada actuación de Don
Juan Fornelli al frente de la Cámara.
A
la fecha y a sus 82 años, Don Juan es todavía ese hombre de
mente aguda y de donde gentes tan reconocido en él. Es todavía
el que no se ha marginado de la conciencia empresarial y que
sigue emitiendo acertadas opiniones sobre el acontecer del
gremio, opiniones que son tomadas como valioso consejo de
quien hizo mucho por la Cámara.
Don
Juan Cruz Fornelli Ruiz esta casado con Doña Mercedes Lafón,
y es orgulloso padre de 5 hijos: Juan Carlos, José Luis, Héctor,
Guadalupe y Felipe.
Es
un ejemplo de lucha y trabajo con inigualable caballerosidad,
que viene al recuerdo de quienes traen a la memoria aquel
comercio incipiente que incursionaba hacia el norte de nuestra
ciudad por la avenida Universidad, donde tenia su agencia
automotriz de Don Juan C. Fornelli.
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